Adaptabilidad

Adaptabilidad

Carl Gustav Jung

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma

Querida, estamos muy contentos con el trabajo que llevas desempeñando todo este tiempo en la empresa pero vamos a recortar la plantilla porque como sabes andamos mal de presupuesto. La labor que tú desempeñas es muy bonita, pero creemos que podemos prescindir de ella. Lo sentimos mucho. Te deseo que encuentres algo pronto. Que vaya bien la vida. 

¡Pum!, mazazo. Choque frontal contra algo duro. Un muro. No tengo claro dónde me ha golpeado. No sé dónde me duele más. Rabia. Dolor. Tristeza. Miedo. Más miedo. Mi familia, mi vida, mi familia otra vez. Caos. No puedo respirar. Miedo. Me muero. ¿Me muero? Me noto morir. ¿Qué ha sido esto?

Lamentablemente, esta situación es mucho más habitual de lo que nos planteamos. Nos despiden, perdemos una oportunidad que nos ilusionaba, nos detectan una enfermedad, nos despedimos de un familiar que nos deja, nos enteramos de una infidelidad. En cualquiera de estos casos, un mazazo. 

Un mazazo, una pared dura contra la que nos chocamos y que nos genera dolor: físico, mental, espiritual y emocional. Consideramos mazazo a aquella situación que no conocemos y que no controlamos. Aquello que nos resulta desconocido, nos provoca miedo, inseguridad y descontrol. No lo deseamos. No lo hemos pedido e intentamos evitarlo. Buscamos la manera de cambiarlo. 

Me gusta mucho imaginar nuestra vida como un río. De las muchas cualidades que compartimos los seres humanos con un río mi favorita es la de su adaptabilidad. El río fluye, en su recorrido baña plantas y rocas, riega campos, acerca el agua a los pueblos, genera energía. El río recorre largas distancias, busca recovecos donde esconderse, crea nuevos caminos, cuando tiene exceso de agua se desborda para vaciarse, su cauce aumenta y disminuye con la temperatura. El río que nace en las montañas con tanta fuerza, es vida. Nuestra vida es como un río

Es inevitable, y conviene aprenderlo pronto, que nos encontramos con infinidad de situaciones en nuestra vida que nos resultan difíciles de gestionar. Podemos llamarlas piedras en el cauce de nuestro río. Estas piedras suelen generar un encuentro desagradable cuando se presentan. Desvían y cortan el paso de la corriente.

Hemos evolucionado como especie creyendo y actuando como si tuviéramos el control sobre todas las cosas. La historia de la humanidad nos narra cómo hace muchos siglos el hombre se encontraba enfrentado a los dioses.  El objetivo del ser humano era acercarse a los dioses, literalmente con las construcciones que clamaban contacto directo con ellos y de manera figurada intentando parecer dioses. Los gobernantes se consideraban hijos de la divinidad y así lo dejaron escrito. Si se estudia con detenimiento el arte o la escultura todo eran muestras y regalos para ellos. En definitiva, la evolución de la especie transcurre con una esencia de ese control y poder.  

En este punto me gustaría ahondar un poco más en lo que nos reporta el control. ¿Por qué hemos sentido siempre la necesidad de controlar? La puerta que abrimos en este punto puede ser la del miedo. Es el miedo el que nos ha llevado, nos lleva y nos llevará a querer controlar situaciones, personas, escenarios. 

No es de extrañar entonces, que cuando se nos presenta una situación desagradable nuestro primer intento sea controlarla. El impulso es instintivo. Nos sale de dentro. Podemos decir que se encuentra escrito en nuestra historia genética universal.

Cierra los ojos, imagina por un momento una situación como la que exponía en el ejemplo del principio. Pierdes tu trabajo. Tu economía peligra, tienes dinero ahorrado pero te surge indudablemente un miedo terrible a: la pobreza, a no poder alimentar a tus hijos, a decepcionar a los que te rodean, a no tener aquello que anhelas, a la muerte incluso en lo más hondo de una manera irracional. Cuando empiezas a gestionar esa situación, te sale instintivamente buscar seguridad para poder volver a controlar tu vida, en este caso económicamente. 

  • Entonces, ¿quieres decir que nuestra herramienta para restaurar una situación incómoda, que nos genera miedo y que nos hace desestabilizar nuestra seguridad suele ser intentar controlarla? 

Exactamente eso. Y, ¿en el momento de gestionarla, quizá no tenemos la energía suficiente para poder ejercer ese control? Además, ¿y si al intentar controlarla lo único que nos provoca es más dolor? ¿Esa resistencia, me agota?

  • ¡Bingo! La energía que más nos desgasta es la de pelear contra lo que no podemos controlar. Es la de pelear y generar resistencia, en lugar de practicar la tolerancia, la aceptación y el amor. Es ahí donde generamos un conflicto interno. ¿Que por qué? Te diré un secreto, aunque seguro que ya te lo imaginabas: realmente no controlamos nada. El conflicto normalmente se genera en la mente, pero realmente quien lo rige es la emoción. Si dejamos que el conflicto siga avanzando niveles y nos quedamos agarrados al miedo, el conflicto puede llegar al plano físico. En forma de dolor físico, de crecimiento celular masivo, de irritación, etc. y en este plano es más duro sanar. Vivimos en las emociones, aunque queramos creer que vivimos en la mente. Nuestra mente va a buscar siempre salidas de emergencia y ¡por Dios que las tengamos siempre bien indicadas! 

Pero si escuchamos a las emociones, la cosa cambia. Si cuando te encuentras en una situación difícil, te pegas un mazazo cuentas “1, 2, 3, …”, respiras y te dices a ti mismo: esta situación es una piedra, que me está generando miedo y rabia. Sé que me puedo encontrar con muchas de éstas en la vida. Permito que exista. No me resisto. La veo, la reconozco, agradezco aquello que ha traído a enseñarme y la suelto. Y ahora, ¿cómo puedo continuar mi camino? ¿Cómo puede mi río seguir fluyendo? 

Si utilizamos esta técnica, el conflicto interno se suaviza. Y con el tiempo y la práctica, si lo convertimos en costumbre con un poco de suerte puede que quede grabado también en nuestro código genético.

¿Te apetece probar? Vamos a devolver juntos el flujo vital a nuestra vida. Aceptemos nuestras emociones. Vamos a intentar aceptarnos, aceptar que las cosas suceden sin aferrarnos a la emoción que nos provoca. Vamos a devolver la fuerza a nuestro río de vida. 

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