Medicina Integrativa

Medicina Integrativa

He tenido la sensación últimamente, que la salud está experimentando una llamada al cambio. De alguna manera estos meses (ya vamos a cumplir 24 meses desde que apareció en España nuestro maestro, el SARS-CoV2) han ido entrenando y poniendo en una situación especial a lo que llamamos nuestro modelo de «salud». No es que antes no existiera, pero digamos que en situaciones más dramáticas las grietas brillan con más intensidad. En redes sociales, no sabría decir la cantidad de compañeros (médicos y de otras muchas ramas de la salud) que siguen saliendo a dar voz a lo que muchos ya pedimos: una medicina que vea al paciente en su globalidad. Es un poco abrumador, ciertamente, sin embargo deja entrever la preocupación y la necesidad urgente de cambio.

Por ordenar las ideas, diría que existen tres temas fundamentales a los que debemos poner el foco.

En primer lugar, en un intento de abarcar el conocimiento y la experiencia de todas las partes que conforman a un ser humano, hemos dejado en último plano una verdad absoluta: que no somos solamente cuerpo, somos energía, somos mente, somos emoción. Nada más lejos del deseo de integrar esto por parte de la comunidad sanitaria. A mi entender todo es cuestión de tiempo. El volumen de personas que se valora en las consultas de atención primaria, de medicina familiar es tan grande que apenas podemos centrar los problemas en una única cosa.

En segundo lugar, al hilo de la velocidad inercial que hemos adquirido sucede que lo queremos todo para ya. Es incómodo estar enfermo, eso es una realidad pero en este momento nos molesta hasta la mínima sensación de que algo en nuestro cuerpo está sucediendo. Estamos perdiendo la conexión y el respeto a los tiempos sagrados del organismo. Siendo seres en movimiento, vivimos en constante adaptación a todo lo que nos sucede influenciados por lo externo y por nuestra respuesta interna. En el ámbito asistencial se traduce en lo que yo llamo «una urgencia, no urgente», dicho de otra forma nos encontramos con circunstancias orgánicas que se pueden manejar en el domicilio pero que nos incomodan y sobre todo que no queremos vivir. Esto satura las consultas, que ya de por sí se encuentran en un estado de fatiga crónica.

Por último, y al hilo de esta desconexión entre el cuerpo, aparecen las sensaciones que se manifiestan y nuestra manera de gestionarlas. Me da la impresión, que hemos perdido la fe en el poder interno sanador que todos tenemos. Nuestro núcleo vital interno que tiene un poder de sanación excepcional, más poderoso de lo que somos capaces de comprender pero que marca sus propios tiempos, existe, está ahí. Nos está pidiendo que nos conectemos a él, desde la escucha y el amor.

Una gran reflexión precisa de unas claves para generar un cambio. Estas claves que te propongo son para ti, como ser singular que desea estrechar su relación consigo mism@ en el proceso de recuperar una dinámica sanadora. Y te lo presento en forma de mantra, para que lo repitas a diario y con un poco de suerte se active tu fe.

  • Soy un ser completo, todos mis órganos, mis células, mis fluidos se encuentran conectados y en perfecta sinfonía.
  • Mis células se encuentran en movimiento constante, adaptándose a lo que llega.
  • Si escucho y reconozco los procesos que suceden en mi interior, activo mi núcleo vital y su gran poder sanador.
  • Acepto aquello que soy, aquello que acontece y los tiempos sagrados que necesita cada proceso para equilibrarse.

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